Me escapo por la ventana y me dirijo hacia donde están las personas paradas al lado de la vía. Voy corriendo súper rápido. Cuando llego, a los dos segundos por suerte pasa el tren, nos subimos todos y emprendemos viaje. Adentro todos gritan y están exaltados. Le toco el hombro a la señora que está sentada al lado mío y le digo si ella conoce a las hermanas que viven ahí al costado de la vía. Todos se callan al escuchar mi pregunta, me miran y se empiezan a reír a las carcajadas y yo puedo ver mientras se ríen como hienas y me muestran sus dientes, que tienen una de sus paletas de color azul y, no sé cómo, pero sé que esa es la señal de que están infectados. La señora no me contesta y también se ríe, después de esa risa colectiva irónica y macabra que dura más o menos cinco segundos, empiezan a convertirse en lobos de a poco, les tengo miedo aunque en el fondo sé que no me quieren hacer daño, sólo quieren divertirse.