La madre rubia pregunta -¿Te gusta este vestido?-. Inmediatamente, la hija, en un solo movimiento sale de la habitación hacia el pasillo, cierra la puerta y da un salto brusco hacia adelante; con ambas manos golpea la puerta por donde la madre rubia estaba por entrar y la abre. Es la puerta de entrada al baño. Desde el interior emerge una luz clara que enmarca el encuentro. Fuera de campo se escucha la voz del padre -¿Qué fue ese ruido? ¿Qué se rompió?-. La madre contesta -¡Nada!-, y la voz no vuelve a emitir sonido. Tengo la sensación de que hay una radio o un televisor prendido desde donde proviene la voz.