Sicario.
La volátil planicie de tu cuerpo se dosifica plenamente de mi ensueño y ante la versatilidad de tus actos, alguien, se dedicará a observarte neciamente enceguecido. Para lacerarte y lacerarte, invocándote después.
En absoluto silencio y solo cuando estemos profundamente dormidos... Nacerán esos pequeños instantes en los que te forjaras tan inmunda como eras. En absoluto silencio y solo cuando estemos profundamente dormidos.
Porque a pesar de los disgustos, él, aún puede con su alma.
Yace pulcro y profundamente dormido... Mientras tu esencia busca la forma para alzar velas obviando despedirse.
Así, solo, desde la otra orilla de tu río, los elementos no tangibles huelen mejor que tu piel, brillan mejor que tu voz y resbalan menos que tu rostro.
En absoluto silencio y solo cuando estemos profundamente dormidos... Serás una pequeña mancha entre hechos hipotéticamente reales.
En absoluto silencio y solo cuando estemos profundamente dormidos... Será más convicto aquel que crea estar soñando.
Los días pasan y algo único muere dentro mío, Mientras, en otro estado, descifro que el innoble gráfico de tus rizos es un sicario para mi paz, y que el único antídoto para tus figuras es dar parte a los cielos como si realmente no tuvieras nombre.
Porque a pesar de tus ordenes, él, aún puede sacar partida de tus secretos.
Yacía pulcro y profundamente dormido... Pero tan solo deseó que añorarás un poco sus caricias.
Así, sola, escrutando la rivera de tu río, la libertad se transforma en paredes cristalinas, las cuales brindan más calor que la totalidad de sus falanges.
En absoluto silencio y solo cuando estemos profundamente dormidos... Serás el peatón que se sacrifique en un descabellado intento por frenar las autopistas.
En absoluto silencio y solo cuando estemos profundamente dormidos... Será mas dañino aquel que no pueda discernir.
En absoluto silencio y solo cuando estemos profundamente dormidos... Nacerán esos pequeños instantes en los que te forjaras tan inmunda como eras. En absoluto silencio y solo cuando estemos profundamente dormidos.
La ampulosa suficiencia de tu ser se dosifica plenamente de tu vigilia y ante la versatilidad de tus actos, alguien, se dedicará a observarte neciamente enceguecido. Para invocarte e invocarte, lacerándote después.