Una mañana cualquiera un humano despierta y sale de su habitación. Mientras tanto, entre el entramado de las sabanas montañosas, pequeñas partículas de piel muerta se transforman en pequeños seres humanoides. Estas criaturas, nombradas Dukus, forman un poblado sobre el colchón, cosechando algodón. Sin embargo, se encuentran dominados por otro grupo de humanoides llamados Koukos, que los visita periódicamente. Un grupo de dukus, cansados, decide huir hacia un portal situado al otro extremo de la habitación, sobre una estantería que apenas se deja ver. Emprenden así un peligroso viaje a través del cuarto, encontrando numerosos obstáculos, pero nada que les impida llegar al lugar deseado. Al llegar, descubren que aquel portal que anhelaban no es más que un reflejo proveniente de la ventana del dormitorio. En ese momento el humano gigante regresa al dormitorio para sacudir las sábanas acabando así con el poblado de la cama, siendo los Dukus viajeros los únicos sobrevivientes.