Espantapájaros
La lluvia de mayo desenterró sus ojos. Descartado el mal augurio por la esperanza ciega que deposita en la vida, Juan dio las gracias al cielo por el regalo recibido y coronó con ese misterioso objeto su centinela. Ahora es imán de fauna diminuta: polillas, orugas y gorgojos buscan allí refugio después de copular y por alguna misteriosa razón desaparecen. Con sus brazos tendidos a un horizonte amarillo de trigo, oscurece a ratos la hoja de la lechuga y aterroriza la osadía de los conejos que se acercan con brincos furtivos a llenarse el estómago. Así que, sin llegar a ser un demonio, la máscara, que resulta bella y resiste elegante bajo la hoguera de julio, sí que tiene algo de magia. Habrá cosecha.
ZaH