“No protege de la lluvia, sino de los recuerdos que caen sin avisar.”
Este paraguas ya no se abre por costumbre, sino por necesidad emocional. Oxidado, pero aferrado a su propósito, guarda bajo su sombra los secretos que aún duelen. Las gotas que caen sobre él no son agua: son memorias, culpas, promesas mojadas.
A veces no llueve en el cielo, llueve por dentro… y esta carta es refugio de lo que no podemos decir en voz alta.