“No canta al amanecer… grita para no desaparecer.”
En esta versión sombría del clásico símbolo mexicano, el gallo ya no anuncia la llegada del día. Con ojos encendidos y plumaje desgarrado, es un guardián del tiempo detenido, atrapado entre el ayer y lo que nunca ocurrió. Cada canto que lanza rasga el silencio de los recuerdos olvidados, como si intentara despertar a un mundo que ya no lo escucha.
Esta carta representa la lucha por hacerse oír en medio de la niebla del olvido. Una figura de poder, nostalgia y resistencia.