Vengo a plantear un dilema existencial sobre el cableado de las ciudades y sus zonas aledañas. La cuestión es que, por un lado, me fastidia tanta contaminación visual, pero, por otro lado, si lo miro detenidamente encuentro un cierto atractivo en ese desorden de líneas construido en el transcurso de los años por una cierta cantidad de empleados mal pagos, en una especie de colaboración artística del desgano y la inoperancia. Así divagando me pongo a pensar en un posible futuro en el que la electricidad viaje sin necesidad de cables, donde esos monitos con pantalones (pero más evolucionados que nosotros) levanten la vista al cielo y no vean esa maraña de cables contaminando su visión, en cuantos pájaros ya no tendrán donde pararse a descansar y en los horneros que ya no tendrán postes donde hacer sus nidos. ¿Miraran estas fotos del pasado y pensaran “todo tiempo pasado fue mejor”?