Al contrario de lo que suelen contar con mucho romanticismo hippies y Yonkies, el primer viaje de LSD fue más parecido a una pesadilla que a un sueño. Se podría decir que el primer “trippie” fue definitivamente un “BADTRIP”
Si bien Albert Hofmann ya había probado accidentalmente LSD con anterioridad, la dosis fue muy pequeña y solo había experimentado una pequeña sensación extraña y difícil de describir pero placentera.
El 19 de abril del 43 a las 4:20 pm tomó una nueva dosis de unos 0,25mg mezclada con agua. Hofmann creía que eso sería apenas una pequeña dosis cuando actualmente la dosis promedio actual es de 0,02mg. Apenas 40 minutos más tarde comenzaría a documentar sus sensaciones.
Diría en sus propias palabras en el libro “LSD: Como descubrí el acido y que paso después en el mundo”
“40 minutos después sentí un mareo acompañado de una sensación de miedo y una risa compulsiva”.
A los pocos minutos tendría problemas para hacer anotaciones y dificultad de hablar. Ya asustado le pide a su asistente que lo acompañe a su casa en bicicleta ya que el uso de los vehículos estaban prohibidos a causa de la guerra. Según Hofmann describe en el libro su estado “adoptó formas amenazadoras” asustado intentaría pedalear con fuerza para llegar a su casa pero tendría la sensación de que su bicicleta se quedaba quieta. Luego su asistenta diría que iba a gran velocidad. Una vez llegado a la casa pediría a su asistente que busque un doctor. Según Hofmann los muebles tomaron formas amenazadoras y grotescas. Todo su entorno era aterrador. Una vecina trajo un vaso de leche para desintoxicarlo y la veía maléfica, como una bruja. abrumado intentaría levantarse pero sentía que no tenía fuerza. Creía haber enloquecido. Se sentía un observador externo de su propia situación. Creyendo que iba a morir sin despedirse de su esposa e hijos por actuar irreflexiva e irresponsablemente. Al llegar el doctor el pico de la alucinación ya había cesado y se encontraba gozando de imágenes, colores y reflexiones. Luego de la aplicación de un calmante se dormiría para despertarse al otro día disfrutando de su familia, el desayuno y el día.
Tiempo después Hofmann describiría que esa sensación de “muerte controlada” le había generado mucha paz interior y serenidad que lo impulsaría a seguir investigando con el ácido.